Búsquedas
¿Qué desea buscar?
Portada arrow Portada Cultura arrow Ruta artístico culinaria por los monasterios del centro de Sevilla
Crónicas TV
Ruta artístico culinaria por los monasterios del centro de Sevilla Imprimir E-mail
Escrito por Gloria de la Torre Gamito   
Hay una Sevilla oculta tras los anchos muros de los conventos de clausura donde se guardan maravillas artísticas y arquitectónicas y auténticas delicias culinarias. A través de una ruta por las calles del centro podemos descubrir los misterios y las raíces de esta ciudad. Image 
 
Junto a San Marcos se encuentra el monasterio de Santa Paula, de las monjas jerónimas, que tanta influencia recibió en el siglo XX de una monja excepcional en proceso de beatificación, Sor Cristina de la Cruz de Arteaga. Esta monja de clausura llegó a ser académica de bellas artes de Santa Isabel de Hungría, tras las rejas del convento, pues allí se celebró la sesión. En Santa Paula, único monasterio de Sevilla que posee un museo conventual, donde se exponen piezas  de la casa del infantado a la que pertenecía Sor Cristina, elabora desde los años 40 una gran variedad de exquisitas mermeladas entre las que se incluyen las gelatinas de azahar y rosas. En los últimos años han incluido alfajores, elaborados a partir de una antigua receta de Olvera y los pimientos en dulce, así como una gran variedad de cremas para acompañar las carnes.
En la calle Doña María Coronel se encuentra el monasterio de Santa Inés. Su iglesia conserva el cuerpo momificado de Doña María Coronel, dama protagonista de una de las más bellas leyendas sevillanas. El Rey Don Pedro I de Castilla, llamado por unos “el cruel” y por otros “el justiciero” la requirió de amores pero ella se negó, ya que él había matado a su padre Don Alfonso Fernández Coronel y a su marido Don Juan de la Cierva y los había desposeído de sus bienes. Para huir del asedio amoroso del rey Doña María se refugió en el convento de Santa Clara, en la calle del mismo nombre, el segundo más antiguo de Sevilla.
 
El rey mandó a sus esbirros a buscarla y Doña maría Coronel se hizo enterrar a los pies de la torre de Don Fadrique. Se notaba mucho la tierra removida y todo parecía indicar que la encontrarían pero entonces la tierra se cubrió de matas de perejil y la búsqueda fue infructuosa. Pero el rey no se dio por vencido y acudió en persona al monasterio en búsqueda de su amada. Ésta, se hallaba escondida en la cocina del monasterio y para terminar con el problema de una vez por todas, se volcó una sartén de aceite hirviendo, desfigurando así su hermoso rostro. Años más tarde fundaría el monasterio de Santa Inés en las antiguas casas de sus padres que habían pertenecido a los árabes. La iglesia del monasterio de Santa Inés con importantes tallas de Juan de Mesa y Andrés de Remesal fue también escenario de la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer “Maese Pérez el organista”. El monasterio de Santa Inés cuenta con un hermoso patio del siglo XVI llamado el Herbolario, en el que hay pinturas murales en las galerías que se encuentran en muy mal estado y necesitarían una restauración.
 
 Desde el siglo XIV, incluso cuando no hacían vida en comunidad, las monjas clarisas de santa Inés elaboraban los bollitos de Santa Inés, delicia que recoge los ingredientes de la merienda típica andaluza: pan, aceite y azúcar, añadiéndole un poco de ajonjolí. Además, las clarisas, venden en el torno inigualables cortadillos, magdalenas, almendrados, roscos de vino, delicias de Santa Inés y de Santa Clara. Los martes y viernes, los días en los que los elaboran, por entre los naranjos de la calle doña María Coronel, se percibe el aroma inconfundible de los deliciosos bollitos.
 
El monasterio cisterciense de San Clemente, con entrada en la calle del Repaso, es el más antiguo de Sevilla, el primero que fundó San Fernando tras la reconquista de la ciudad. Desde hace unos años, las monjas de este monasterio se dedican a la elaboración de dulces, con la particularidad de que son el único monasterio de Sevilla y su provincia que elabora dulces para diabéticos. Los hacen con sacarina y con fructosa. Los más representativos son los bocaditos de San Bernardo, los gertruditos, las medias lunitas y una gran variedad. Entre las especialidades elaboradas con azúcar destaca el corazón de santa Gertrudis. En el siglo XIX murió allí Sor Bárbara de Santo Domingo, monja dominica de Madre de Dios, comunidad a la que las cistercienses acogieron tras la expropiación de su convento en los convulsos sucesos de la Revolución de 1868.
Hija de la Giralda
En la calle san José se levanta, aunque mucho más pequeño que en sus orígenes por los conflictos de la Revolución, el monasterio de Madre de Dios, donde la reina Isabel la Católica se alojó en una de sus visitas a Sevilla. Es, curiosamente, el nombre de “la hija de la giralda” en alusión a Sor Bárbara de Santo Domingo, hija del campanero que nació en la torre mayor de Sevilla. Este monasterio hace los dulces desde hace relativamente poco tiempo, pues entes se dedicaban a la confección de flores de flamenca y trabajos bancarios. Entre sus especialidades destaca la gallina de leche, tarta a caballo entre la técula-mécula extremeña y la tarta de Santiago. También destacan las coquitas de la Habana y los almendrados de chocolate.
 
En la calle bustos Tavera se encuentra el convento del Socorro que debido a la gran variedad y a la exquisitez de sus dulces, se ha convertido en uno de los grandes obradores conventuales, con numerosas especialidades. Las concepcionistas franciscanas elaboran riquísimos dulces de almendra, cocadas, frutas de Aragón, escarchadas con cobertura de chocolate.
 
Para finalizar, en la calle Santa Ana, las carmelitas calzadas de Santa Ana, hace sólo dos años que se dedican plenamente a la repostería. Una especialidad muy antigua que hacían para los bienhechores eran las mantas, una especie de pestiño y en Semana Santa las torrijas. Muy exquisitas son las yemas de Santa Ana, que son las yemas de San Leandro del siglo XIX. Al igual que el convento de Madre de Dios se tuvo que refugiar en San Clemente por problemas políticos, las carmelitas de Santa Ana pasaron once años del siglo XIX en San Leandro y allí aprendieron a hacer las famosas yemas y conservaron aquella receta hasta nuestros días.
 
Estos monasterios, con sus cocinas de ángeles, merecen una visita obligada a sus tornos y a sus iglesias, tras esos muros palpita la historia de una Sevilla.


< Anterior


Mambo is Free Software released under the GNU/GPL License.